//redireccionado a la nueva web de adrian //scrip para redireccionar

domingo, 8 de mayo de 2016

El oráculo de los libros frente a la mediocridad





La literatura engrandece nuestra existencia desde diferentes puntos de vista. Es la verdadera fuente de conocimiento, sin cuyo recurso, jamás podríamos alcanzar un grado de desarrollo intelectual digamos superior, aquel que nos permite ser conscientes  de la realidad que nos rodea.
Esta es la esencia misma de la vida bajo mí humilde entender, el saber cuál es el verdadero papel que tenemos asignado en este mundo tan estructurado, a partir del entendimiento de los condicionantes prefijados que no dependen de nosotros mismos. Solo así podremos aceptarlo si ello nos complace o revelarnos con toda nuestras fuerzas.
A veces, esto mismo, nos conduce hacia el propio abismo, porque la mente del ser humano (nuestra verdadera riqueza) es francamente compleja, y para ella resulta muy traumático el asumir las verdades ocultas que están dispersas entre el halo de mentiras que inundan nuestro propio universo personal, totalmente influenciado por los condicionantes externos que se explican desde un contexto social.
Este tipo de revelaciones solo se encuentran en el mundo de los libros. La literatura es realmente un camino que nos ayuda a sumergirnos en un baño de realidad incómodo pero necesario si queremos llegar a sentirnos realmente libres, y plenos conocedores de las verdades atemporales que rigen en la sociedad; es posible incluso que corramos el riesgo de adquirir criterios y razones que nos inviten a refutar  los valores que nos parecían eternos y naturales (que también pudieron ser impuestos desde los “otros” libros, todo sea dicho),  aquellos que hemos interiorizado sin ser conscientes y que han impregnado nuestra personalidad, forjando eso que conocemos como la  ética y la moral, y que nos ha permitido vivir desde siempre en una sociedad hipócrita, decadente y enferma de si misma (asevero esta afirmación con hechos, solo hay que darse una vuelta por las crónicas de los periódicos para concluir estas verdades).
En estos tiempos que corren, en los que en el fondo todos sospechamos  que hay algo más allá del simple teatro en el que se convierten nuestro día a día (se respira en el ambiente un cierto tufo esclarecedor que a veces se deja entrever para sorpresa nuestra),  evoco más que nunca hacia el universo de los libros como única vía para llegar a entender este mundo tan complejo y simple a la vez, que siempre ha estado ahí, con los mismos problemas y vicisitudes, puesto que los acontecimientos que se suceden son totalmente predecibles desde un punto de vista histórico, ya que es la condición humana la que va marcando la pauta del devenir de nuestro momento, y aunque esta está sujeta a un proceso evolutivo ligado al de la propia cultura, aloja en su interior unos mínimos rasgos que se repiten una y otra vez entre los individuos; el intentar hacer valer su propia voluntad sobre las del resto, algo que solo consiguen los poseedores de ciertas dotes, de tal manera que al final  todos nos movemos por la inercia de los  intereses particulares de aquellos que imprimen su impronta sobre la colectividad.
A pesar de la mediocridad que nos rodea, siempre han existido personas que han disfrutado de una gran virtud, la de reconocer y denunciar los estigmas que demuestran estas cuestiones que se ha repetido a lo largo de la historia; se trata de auténticos visionarios o simplemente cronistas de un mundo realmente oculto que nos aguarda expectante a la vuelta de la esquina. Dentro de la literatura encontramos un buen puñado de ellos.
   
Todos estos grandes autores recurren a un mundo figurativo abstracto, en donde se sienten cómodos para plasmar sus propias ideas, bien por el miedo al rechazo social del momento en el cuál viven, bien porque ese es realmente su vaticinio ante unos hechos que bien apuntan hacia un presente paralelo o un futuro plausible que ellos han imaginado de esa manera.

En estas historias supuestamente fantásticas podemos encontrar respuesta a muchas de las cuestiones que sirven para explicar aspectos de una realidad que en teoría se presume lejana y desconocida para nosotros, y que nos envuelve sin que seamos conscientes hasta condicionar nuestros movimientos individuales. Ese mundo entre bambalinas nos lo evocan de una manera sutil figuras como Joseph Conrad, George Orwell, Tomas Moro o incluso el propio Dante Alighieri. Nótese que hablo desde la transversalidad de “géneros” literarios (a veces, meras etiquetas comerciales), porque realmente uno puede encontrar estas revelaciones en escenarios muy dispares, generalmente planteados desde un entorno figurativo que resulta ser además una delicia para los propios sentidos del que lo lee.
   

Hoy más que nunca,  debemos aferrarnos a las lecturas de estos clásicos si pretendemos sobrevivir en este mundo tan estúpido, en el que precisamente se invita a pasar de largo por entre los trabajos de tan sublimes personajes. Todos ellos son cronistas de la naturaleza humana, y de sus palabras podemos aprender a entendernos como animales gregarios que somos, algo que se antojo imprescindible si queremos prevalecer con todas nuestras virtudes intactas, aquellas que nos convierten en individuos libres.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario